Clásico Mundial, espectáculo desairado

Que me disculpen los beisboleros, pero cada vez son menos los argumentos para autodenominarse como el “rey de los deportes”.

Que sea un deporte que requiere mucha inteligencia y que a diferencia de patear un balón no todos tengan o tengamos la capacidad para jugarlo, creo, en mi humilde opinión, no lo hace para nada el rey.

Me baso, entre muchas otras cosas, en el cada vez más cercano Clásico Mundial de Beisbol que en teoría y como su nombre lo indica, debería ser la máxima fiesta de este deporte, un espectáculo que atrajera multitudes y permitiera a esta disciplina ganar nuevos adeptos.

Por el contrario, a muy pocos parece importarles este torneo. A diferencia de un Mundial de Futbol en donde los mejores jugadores del mundo mueren por estar en él, en el Clásico Mundial muy poco inspira a los mejores beisbolistas del planeta representar a su nación.

Día con día nos enteramos de jugadores que se bajan del barco porque prefieren ganarse un lugar en algún equipo de grandes ligas o simplemente porque no ven en este torneo un espectáculo equiparable a lo que representa una Serie Mundial de las Grandes Ligas.

En México no es la excepción. Los casos más recientes son los de los lanzadores estelares Jorge de la Rosa y Jaime García. El primero prefiere ganarse un lugar en los Diamondbacks de Arizona, en tanto que García busca llenarle el ojo a los Bravos de Atlanta.

Si de por sí el beisbol es un deporte que no ha sabido ganarse a nuevas audiencias debido a la complejidad de sus reglas, duración de los partidos y poco apoyo de las grandes cadenas de televisión, si una selección nacional no es capaz de llevar a sus mejores peloteros, no logrará equipararse a deportes como el futbol y seguirá siendo inútil denominarse el “rey”.

En la primera ronda del Clásico Mundial de Beisbol, México comparte grupo con Italia, Venezuela y Puerto Rico, y será anfitrión en el estadio de los Charros de Jalisco, equipo de la Liga Mexicana del Pacífico.

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