El mismo México de siempre

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Podrán pasar los años, generaciones de buenos jugadores, entrenadores, directivos y al final el resultado siempre es el mismo… una selección mexicana que ilusiona y que siempre termina decepcionando  cuando realmente tiene que poner a prueba su verdadero potencial.

Y es que lo sucedido en la Copa Confederaciones Rusia 2017 es exactamente el mismo cuento que en el Mundial de Japón – Corea del Sur 2002 o en el más reciente de Brasil 2014.

Y explico por qué. Luego de empatar contra el campeón de Europa, Portugal, comentaristas y aficionados coincidían en que México le había jugado del tú por tú a un gran equipo y por lo tanto dejaban entrever que la selección de Osorio tenía calidad suficiente para trascender en el torneo.

Olvidan sin embargo que históricamente México suele hacerle grandes partidos a las grandes potencias en las primeras rondas de todos los torneos. “Mágicamente” el TRI siempre se crece ante los gigantes, y así “Matador” Hernández logró un milagroso empate contra Holanda en el Mundial de Francia 98, tras un golazo de Borguetti dominamos a placer a Italia en 2002 que terminó festejando el empate como si hubiera ganado el torneo y en 2014 le empatamos contra todo pronóstico a Brasil luego de una actuación redonda del guardameta Guillermo Ochoa.

Es decir, que cuando de torneos importantes se trata, México, gracias a estos grandes partidos contra las potencias y a los triunfos conquistados en primera fase ya sea de una Confederaciones o Mundial, siempre suele dejar un buen sabor de boca.

Pero el problema siempre está cuando se trata de un partido definitorio y en donde México se coloca ante una oportunidad histórica de trascender.

El resultado siempre es el mismo, un equipo que por diversas circunstancias termina por desaparecer y ser eliminado.

Tras lo mostrado por Juan Carlos Osorio en Copa América y Copa Confederaciones, el panorama no parece indicar que ahora las cosas serán diferentes. México tendrá quizá el potencial de avanzar dentro de los 16 mejores, pero por más talento que se tenga, las interminables rotaciones y el colocar a jugadores en posiciones en las que no se sienten cómodos del todo, no augura que el TRI pueda ahora sí superar los octavos de final.

Y esto no debe por qué espantar a nadie. La realidad de nuestro futbol indica que no nos da más que para estar dentro de los 16 mejores del mundo pero no más. Tan solo en el continente, Brasil, Argentina y Chile tienen un nivel infinitamente superior y ya no se diga en Europa, en donde una selección B de Alemania sin sus grandes figuras, fue capaz de aplastar y bajar de su nube al equipo mexicano.

¿Debemos entonces como aficionados ser conscientes de la realidad de nuestra selección? En una primera instancia diría que sí, pero si Osorio aprende la lección y se dedica a jugar con una defensa que no cambie partido tras partido para que se consolide y no cometa los errores y horrores de Confederaciones, y si coloca a sus mejores hombres en las posiciones que mejor dominan, México podría competirle a cualquiera y volver, como desde 1994 a pelear por ese ansiado quinto partido que desde entonces se ha negado y que ha llenado de lágrimas y desilusión a una afición que pese a ello no deja de creer.

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